Iglesia Católica Santa Rita
               Wellington, Florida *Diócesis de Palm Beach*
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              Mensaje de nuestro Vicario Padre Yves   
  
1. Primera Lectura (Febrero 5 del 2012)
La Primera Lectura se toma generalmente del Antiguo Testamento con un texto que tenga conexión con la lectura del Evangelio. Siguiendo una costumbre antigua, durante el tiempo de Pascua, la Primera Lectura es tomada de los Hechos de los Apóstoles, que resaltan como la Iglesia dio testimonio de la muerte y resurrección de Cristo.
2. Salmo Responsorial
Durante el Salmo Responsorial alabamos, damos gracias o pedimos a Dios, a medida que el Lector y la congregación recitan líneas de las Escrituras en forma alternante. Esta práctica tiene raíces bíblicas. (Ver Salmo 124:1; Apocalipsis 5:11-14)
3. Segunda Lectura
La Segunda Lectura, que es tomada del Nuevo Testamento, se usa los domingos y las fiestas solemnes. Generalmente se toma de una de las Epístolas, los Hechos de los Apóstoles o el Apocalipsis. Esta lectura se elije independientemente de la Primera lectura y el Evangelio, pero algunas veces corresponde a los temas de un Tiempo Litúrgico en particular, como Navidad o Cuaresma.

4. El Santo Evangelio  (febrero 12 del 2012)
La Liturgia de la Palabra alcanza su momento cumbre en el momento de la proclamación del Santo Evangelio. Mientras toda la Biblia fue inspirada por Dios, el Concilio Vaticano II enseña que “los Evangelios tienen un lugar especial porque son la primera fuente de la vida y enseñanzas del Verbo Encarnado, nuestro Salvador”.

La Santa Misa refleja la importancia del Evangelio, observemos como la Liturgia muestra una especial reverencia a la lectura del Santo Evangelio, el Sacerdote, el Diacono y la congregación, asumen gestos y posturas que no se tienen para  las otras lecturas.

Ponerse de Pies: La congregación se pone de pie para dar la bienvenida a Jesús, quien será proclamado en la lectura del Evangelio. Ponerse de pie, era la postura que potaban los judíos cuando Esdras les leía del Libro da la ley (Nehemías 8:5). Cuando nos preparamos para escuchar a Jesús que nos habla a través de Su Palabra, expresamos nuestra reverencia y nuestra disposición a escucharle colocándonos de pie.

Aleluya: La congregación canta el “Aleluya”, que es una expresión hebrea que significa; “alaba a Yahvé” o “alaba al Señor”. La encontramos al comienzo de algunos Salmos (Salmo 104-106; 111-113; 115-117;146-150), y era usada por los ángeles en el cielo para alabar a Dios por su obra de salvación y para anunciar la venida de Cristo a Su Pueblo en la cena de las bodas de Cordero (Apocalipsis 19: 1-9).

Procesión: Durante el Aleluya, el Diácono o el Sacerdote comienza su procesión en el Santuario, tomando el Libro de los Evangelios desde el altar hasta el Ambon, desde donde será proclamada la Palabra de Dios. De acuerdo a la solemnidad que corresponda irán los monaguillos con los cirios y el incienso acompañando la procesión. Para prepararse a la lectura el sacerdote ora en silencio: “Limpia Señor Todopoderoso mis labios y mi corazón para que pueda proclamar que dignamente proclame Tu Santo Evangelio. Si la lectura la hace el Diacono, el Sacerdote la hace una oración parecida antes de que comience la procesión con el Libro.

Signo de la Cruz: Después del saludo; “el Señor está con vosotros”, el Sacerdote o Diácono anuncia la lectura del Santo Evangelio, “lectura del Santo Evangelio según San..”, y hace la señal de la cruz en su frente, boca y pecho, y luego sobre el libro. La congregación también se hace la cruz triple sobre su frente, boca y pecho; mediante este ritual consagramos nuestro pensamiento, palabra y acciones al Señor, pidiéndole que Su Palabra este siempre en nuestra mente, en nuestros labios y en nuestro corazón.

La Santa Iglesia nos enseña que cuando leemos las Sagradas Escrituras en la Iglesia, Dios mismo nos habla a Su Pueblo, y Cristo, presente en Su Palabra, proclama Su Evangelio. La proclamación del Evangelio, por lo tanto hace la vida de Jesús presente en entre nosotros de una manera profunda.

                           La Catequesis del Padre  Yves
               Saludo al altar y al pueblo congregado: " El Señor este con ustedes
  (Enero 1 del 2012)

El Saludo del sacerdote: “El Señor este con ustedes”, anuncia la presencia de Dios en la Misa. Es utilizado varias veces en las Sagradas Escrituras. En realidad, usualmente es utilizado por Dios o sus ángeles a alguien cuando se le llamaba a una misión especial:
Éxodo 3: 10-12- Moisés es enviado a salvar al pueblo judío de la esclavitud  de Egipto.
Josué 1: 4-6, 9- Dios encarga a Josué de continuar liderando al pueblo judío después de la muerte de Moisés.

¿Te has sentido, como Moisés, abrumado por la vida y sus problemas? ¿Qué estas enfrentando en estos momentos, miedo, obstáculos, incertidumbres, penas? Recuerda los pasajes bíblicos que hemos leído y recibe el saludo del sacerdote en la Misa: “El Señor está contigo”, con la certeza de que El siembre está a nuestro lado.

                                            Acto Penitencial: Yo Confieso.. 
                                                            (Enero 8 del 2012)

La siguiente oración de los Ritos de Iniciales se conoce como El Confiteor, “Yo confieso” en latín, que son las primeras palabras de esta oración. En ellas expresamos dolor por nuestros pecados. En algunos versos de la Biblia se nos llama al arrepentimiento.
Yo confieso ante Dios Todopoderoso, y ante ustedes hermanos que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión. Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa. Por eso ruego a Santa María siembre Virgen, a los ángeles, a los santos y a ustedes hermano, que intercedan  por mí ante Dios, Nuestro Señor. Amen.
La oración nos invita también a analizar de las cuatro maneras que podemos pecar: de pensamiento, de palabra, de obra y de omisión. Analicemos a la luz de la palabra de Dios estas cuatro formas en las que podemos pecar:
De Pensamiento: Mateo 5: 22-28    Mateo 6: 25-34    Mateo 7: 1-3
De Palabra:         2 Corintios 12: 20   Colosenses 3:9    Efesios 4: 29
De Obras:           Gálatas 5: 19-21      Romanos 13: 12-13      2 Timoteo 3: 2-6
De Omisión:      El pecado no es solo una acción maligna. En Santiago 4: 17  se nos enseña que también podemos pecar por dejar de hacer un bien que sabemos pudimos haber hecho. Estos se conocen como “pecados de omisión”.

Las Sagradas Escrituras nos dejan muy claras las virtudes de Cristo que debemos imitar en nuestra vida diaria:
“Como elegidos de Dios, sus santos y amados, revístanse de sentimientos de profunda compasión. Practiquen la benevolencia, la humildad, la dulzura, la paciencia. Sopórtense los unos a los otros, y perdónense mutuamente siempre que alguien tenga motivo de queja contra otro. El Señor los ha perdonado: hagan ustedes lo mismo. Sobre todo, revístanse del amor, que es el vínculo la perfección. Que la paz de Cristo reine en sus corazones: esa paz a la que han sido llamados, porque formamos un solo Cuerpo. Y vivan en la acción de gracias.”  Colosenses 3, 12-15
Al confesarnos, tengamos en cuenta a cuál de las virtudes anteriores hemos faltado.

                                                     Señor ten piedad

Después de confesar nuestros pecados en el “Yo Confieso”, imploramos la misericordia de Dios.

La palabra hebrea para Misericordia, es “hesed” que significa, amor permanente e inamovible- un amor que es incondicional y totalmente comprometido. “.. mas la prueba de que Dios nos ama es que Cristo, siendo nosotros aun pecadores, murió por nosotros.”  Romanos 5: 8
Uno de los grandes ejemplos en la Biblia de cómo implorar la misericordia de Dios se encuentra en el salmo 51. En el que el Rey David humildemente vacia su corazón ante Dios, implorando misericordia después de haber cometido un pecado grave.



                                           LITURGIA DE LA PALABRA
                                                      (Enero 15 del 2012)

ELEMENTOS DE LA LITURGIA DE LA PALABRA:

1.Primera Lectura
2.Salmo Responsorial
3.Segunda Lectura
4.Santo Evangelio
5.Homilía
6.Profesión de Fe (Credo)
7.Oración de los Fieles


La Biblia: Humana y Divina. Dios nos habla en las Sagradas Escrituras.
San Pablo nos dice que todos los libros de la Sagrada Escritura fueron inspirados por Dios (2 Timoteo 3:16). La palabra griega para “inspiración” (theopneustus), significa “inspirada por Dios”. La Santa Biblia es “la Palabra de Dios que se nos comunica en palabras humanas.
Role del Lector: Dar voz a la Palabra de Dios.
Liturgia de la Palabra: “el mayor estudio bíblico en la tierra”
La liturgia de la Palabra generalmente consiste en una lectura del Antiguo Testamento
Un Salmo Responsorial, una lectura del Nuevo Testamento y una de los Evangelios, de esta manera, en la Santa Misa se proclaman tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento.


                                                    
                                             Sacrificio de Jesús en la Cruz   
                                                        ( Noviembre 20 del 2012)

No es fácil para los católicos imaginarlo, la santa Misa como un sacrificio, ya que no nos acercamos a ella como en la antigüedad los judíos, trayendo un animal para sacrificar a Dios. El sacrificio que se realiza en la Misa no es en ningún momento el de un animal, sino el de Jesús, el Hijo de Dios, quien con su muerte en la cruz, ofrece su vida como redención por los pecados de toda la humanidad.
El Catesismo de la Iglesia Católica enseña: en el divino sacrificio que se celebra en la Misa, el mismo Cristo quien se ofreciera sangrante en el altar de la cruz, es ofrecido y sacrificado ahora de manera no sangrante” (CCC 1367. 1362-72)
En la Ultima Cena, Jesús instituye la Eucaristía como el memorial de su muerte y resurrección y como muestra de su amor.
Primero, analicemos el lenguaje que utiliza Jesús  al hablar de su cuerpo y su sangre. El dice que Su Cuerpo será ofrecido en alto y Su Sangre será derramada. Como vemos más tarde, en la crucifixión, estos términos hacían referencia al ritual judío de que el cuerpo del animal era ofrecido en alto a Dios, y la sangre derramada toda, para sacrificio.
El segundo punto a analizar es la noción de Memorial, en las Sagradas Escrituras, un memorial no recuerda simplemente cosas del pasado, sino que las hace presentes. El Catecismo enseña que la Santa Misa re-presenta (hace presente) el sacrificio nde la cruz. (CCC 1366). A través de la Eucaristía, “el sacrificio sangrante que El tuvo que realizar una vez por todos en la cruz, seria representado, su memorial perpetuado hasta el final de los tiempos, y su poder se aplicado por el perdón de los pecados que diariamente cometemos. (CCC 1374)

                                                                                                  

                                                          LA PRESENCIA REAL DE JESUS
                                                            (Diciembre 12 del 2012)

El segundo aspecto de la Eucaristía es que contiene la Presencia Real de Jesús. La Iglesia enseña que aunque Jesús está presente en muchas formas: en el pobre, en Su Palabra, en los Sacramentos, en la oración de dos o más reunidos en Su Nombre; está presente de manera única y real en la Santa Eucaristía. Pues en la Eucaristía esta contenido sustancialmente el cuerpo, la sangre, el alma y divinidad de Nuestro Señor Jesucristo. En la Eucaristía “Cristo, Dios y hombre, se hace total y completamente  presente”. (CCC 1374)
Diferente a nuestros hermanos cristianos que ven la Eucaristía como un símbolo, los católicos creemos que cuando el Sacerdote en la Misa recita las palabras que Jesús pronunció en la Ultima Cena: “este es mi cuerpo.. esta es mi sangre”, el pan y el vino del altar se convierten en el cuerpo y la sangre de Cristo, nuestro Señor. El término teológico para expresar este proceso se llama: “transustanciación”, que explica como mediante la consagración, se realiza un cambio total en la sustancia que compone el pan y el vino y se transforman en las sustancias del cuerpo y la sangre de Nuestro Señor.
Cuando el mismo Jesús enseño acerca de la Eucaristía, utilizo un lenguaje con profundo realismo, para indicarnos como compartiría con nosotros su cuerpo y su sangre. Y no solo lo hizo en la Ultima Cena, sino que lo anticipo a los discípulos. “ les aseguro que si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben Su sangre, no tendrán Vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene Vida Eterna, y yo lo resucitaré en el último día. (Juan 6, 53-56)
Uno de los títulos dados a Jesús es “Emanuel”, que significa “Dios con nosotros” (Mateos 1: 23). Jesús, el hijo de Dios se hizo hombre y habitó entre nosotros, ha querido quedarse en la Sagrada Eucaristía. El continua siendo el “Emanuel”, en todas y cada una de las Misas celebradas en todo el mundo. No deberíamos nunca pasar esta verdad inadvertida y no apreciarla. El evento más espectacular del mundo se sucede en cada Misa: el Hijo de Dios mismo baja hacia nuestros altares y permanece entre nosotros.
Pero el deseo de Dios de quedarse entre nosotros no para ahí. La presencia real de Cristo continúa igual en todas las Eucaristías aun fuera de la Misa, por el tiempo que permanezcan las Especies Eucarísticas consagradas. Es por eso que en todas las Iglesia Católicas las Hostias consagradas se conservan en un lugar sagrado llamado Tabernáculo, frente al cual debemos mostrar reverencia con un gesto de inclinación de la cabeza, o haciendo una genuflexión, si nos es posible. Es también importante que pasemos algún tiempo en adoración frente al Tabernáculo, ya sea en la misa o en la Capilla de Adoración. Esta intimidad con Cristo en la Santa Eucaristía da fortaleza y consuelo al alma. Juan Pablo II enseño que cuando descansamos en la Presencia Real del Señor es como si tomáramos el lugar del Apóstol Amado que reclinaba su cabeza en el pecho de Jesús.


                                             LA COMUN-UNION CON EL SEÑOR
                                                        (Diciembre 18 del 2012)   

El Nuevo Testamento nos revela a Jesús como el Cordero Pascual sacrificado por nuestros pecados. (Corintios 5: 7-8; 1Pedro 1: 19). Sin embargo, en la Pascua, como en otros ritos de sacrificio del pueblo judío, no era suficiente sacrificar al animal; comer el animal sacrificado era parte esencial de la celebración de la Pascua (Ezequiel 12: 8-12). Una comida en común-unión siembre sucedía al sacrificio, y era la comida compartida lo que expresaba el sello del acuerdo y forjaba la común-unión entre los participantes y Dios. Esto tiene implicaciones importantes para comprender la Eucaristía como Comunión. Si Jesús es el nuevo Cordero Pascual, que se sacrifico por nuestros pecados, es apenas lógico Su sacrificio en la cruz vaya acompañado de una comida en comunión. San Pablo en su primera carta a los corintios, hace referencia a la noción judía de sacrificio y comunión: “….Porque Cristo, nuestra Pascua, ha sido inmolado. Celebremos, entonces, nuestra Pascua….” (1 Corintio 5: 7-8). Observemos como se entiende que el sacrificio de Cristo halla su culminación en la cena de fiesta. Pablo más adelante deja en claro a cual cena de fiesta hace referencia: La Eucaristía. En el Capitulo 11, narra como Jesús instituye la Eucaristía en la Ultima Cena; y en el Capitulo 10, describe la profunda unidad que se establece al tomar el cuerpo y la sangre de Cristo: “La copa de bendición que bendecimos, ¿no es acaso comunión con la Sangre de Cristo? Y el pan que partimos, ¿no es comunión con el Cuerpo de Cristo? Ya que hay un solo pan, todos nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo Cuerpo, porque participamos de ese único pan. (1 Corintio 10: 16-17). Es por eso que la Iglesia Católica ve el momento de la Sagrada Comunión como el clímax de la celebración Eucarística. Como explica el Catecismo, “La celebración del Sacrificio Eucarístico está totalmente dirigido a la intima de los con Cristo en la Comunión. Recibir la Santa Comunión es recibir al mismo Cristo que se ofrece por nosotros: (CCC 1382). Al recibir al comunión. Nuestro Señor entra en nuestro cuerpo, uniéndose a nuestra alma en la más íntima unión. Es el momento en que debemos prestar mayor atención al Señor, ya que habita en nosotros. Al regresar a nuestro sitio en la banca, deberíamos verter nuestro corazón al Señor, amarlo, agradecerle, compartirle nuestras necesidades más profundas. En estos momentos, después de comulgar, nos asemejamos a María que llevo al Dios-Hombre en su vientre durante nueve meses. Recibir la Santa Comunión con regularidad puede tener gran impacto en nuestras vidas. Nos ayuda a superar nuestras debilidades y pecados, nos guía a nuestras decisiones, nos apoya en nuestras pruebas y tribulaciones y nos impulsa a crecer en santidad. Al alimentarnos de Su Cuerpo y Su Sangre Eucarística, somos transformados gradualmente por Su Vida que habita en nosotros.